sábado, 17 de diciembre de 2011

Citas: Ciudad de Hueso


-¡Hora de cenar!
Era Isabelle, enmarcada en la puerta de la biblioteca. Todavía sostenía la cuchara en la mano, aunque los cabellos se le habían escapado del moño y le caían desordenadamente a lo largo del cuello.
-Lo siento si estoy interrumpiendo -añadió como si se le acabara de ocurrir.
-Dios del cielo -exclamó Jace-, la temida hora está próxima.
Hodge se mostró alarmado.
-To... to... tomé un desayuno muy sustancioso -tartamudeó-. Quiero decir almuerzo. Un almuerzo que me llenó mucho. No podría comer...
-He tirado la sopa -informó Isabelle-. Y he pedido comida china a aquel lugar del centro.
Jace se desenganchó del escritorio y se desesperezó.
-Fantástico. Estoy muerto de hambre.
-Tal vez podría tomar un bocado -admitió Hodge dócilmente.

-Olvidé que eso es lo que tanto te atrulla, Jace. Chicas que maten cosas.
-Me gusta cualquiera que mate cosas -repuso él con ecuanimidad-. Especialmente yo.

Lanzó la mirada hacia Jace, que andaba unos cuantos pasos por delante de ellos, aparentemente conversando con el gato. Clary se preguntó de qué hablaban. ¿Política? ¿Opera? ¿El elevado precio del atún?

-Isabelle procede de una de las dinastías más importantes de cazadores de sombras de la historia -replicó Alec con sequedad-. Esta chica, por otra parte, procede de Nueva Jersey.
-¡Soy de Brooklyn! -Clary estaba indignada-. ¿Y eso qué? ¿ Acabo de matar a un demonio en mi propia casa, y tú te vas a portar como un imbécil porque no soy una repugnante niña rica malcriada como tú y tu hermana?
Alec pareció estupefacto.
-¿Qué es lo que me has llamado?
Jace rió.
-Tiene razón, Alec -dijo Jace-. Son esos demonios que utilizan el metro diariamente con los que tienes que tener cuidado realmente...
-No tiene gracia, Jace -interrumpió el otro, empezando a ponerse en pie-. ¿Vas a dejar que se quede ahí parada y me insulte?
-Sí -respondió Jace amablemente-. Te irá bien; intenta verlo como un adiestramiento de tu capacidad de resistencia.

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