miércoles, 10 de julio de 2013

Citas: Condena


O tal vez fuera a mí a quien miraban. Estaba tratando de sacarme el sudor de entre mis pechos discretamente y sin que pareciera que me estaba metiendo mano a mí misma.

El hombre y la mujer me alertaron a gritos. Desesperada, estrujé mi cerebro en busca de las palabras del hechizo reparador de gargantas, sabiendo que me iba a hacer falta. Sin embargo las únicas palabras que conseguí gritarle al licántropo que corría hacia mí fueron: "¡Perro malo!"

Levanté las manos y pensé en el peor hechizo posible. Uno que incluyera pus, mal aliento y varias disfunciones genitales.

Lo bueno de todo aquello fue que Archer dejó de gustarme. Supongo que es normal que el romance se vaya al diablo si el chico que te gusta te clava un rodillazo en la caja torácica.

Aunque eso no era lo más trágico del asunto. Lo más trágico era comprobar que mi peor pesadilla se estaba haciendo realidad: una cosa es que te sientas diferente de los demás cuando no te queda más remedio, ya que en efecto eres diferente; y otra cosa es ser una marginada entre los marginados.

Me entraron náuseas. Sabía que no debía quedarme allí, pero no podía dejar de escuchar. Me pregunto por qué será que nos gusta oír lo que los demás opinan de nosotros, incluso cuando lo que opinan es horrible.

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